Gobierno corporativo: equilibrio entre la herramienta de supervisión y la creación de valor

Publicado el 28 de julio de 2016

Gobierno corporativo: equilibrio entre la herramienta de supervisión y la creación de valor a partir de la cultura de gobernabilidad en la empresa bancaria.

La administración empresarial ha sido objeto de estudio y debate desde el surgimiento mismo de la corporación moderna, condicionado por las diferentes etapas del desarrollo de los mercados y los modelos de administración. Existe evidencia de alrededor de cinco siglos de análisis y discusión en relación a cómo las empresas -en sus distintas formas- son administradas y cómo se vinculan con sus relacionados: desde la teoría de la agencia, los costos de transacción, la teoría de la administración o de los grupos de interés, entre otras muchas. 

En base a esta realidad, cuando hoy en día nos referimos al gobierno corporativo, en tanto sistema que busca la equilibrada distribución o asignación de derechos y responsabilidades entre los diferentes participantes -directos e indirectos- de una organización (OCDE), podemos deducir rápidamente que se trata de una visión o criterio de administración actual, que parte de una preocupación ancestral.  

Precisamente una de las particularidades del gobierno corporativo es que el alcance y los rasgos esenciales de la función de administración entran en un nuevo y más sofisticado plano, desbordando el tradicional carácter fiduciario, en búsqueda del balance general de los intereses relevantes de los stakeholders o demás grupos de interés relacionados. El gobierno corporativo, en su sentido más amplio, busca alinear no sólo los intereses de los accionistas o socios (propietarios) -visión tradicional- sino de todos aquellos que directa o indirectamente se ven afectados por el desempeño de la organización (stakeholders). Esta es la razón, a su vez, de que cuando nos referimos a gobierno corporativo no sólo trata de las empresas tradicionales, sino que puede abarcar a cualquier tipo de estructura de administración, incluyendo, por ejemplo, las organizaciones sin fines de lucro, las empresas estatales y los órganos de regulación.   

Por todo lo anterior hoy en día la creación de valor empresarial a partir del gobierno corporativo no se cuestiona y sigue siendo, sin dudas, un elemento central en lo búsqueda de correctos niveles de gobernabilidad. Sin embargo, el modelo de gobierno corporativo actual va aún más lejos: la estabilidad y sostenibilidad misma de la empresa y del sistema. Cuando se trata de entidades financieras esta estabilidad tiene, además, un efecto directo en el mercado financiero y en el sistema económico en general. Como afirma Pankaj Madhani en su análisis “gobierno corporativo: cumplimiento o ventaja competitiva?”, al referirse al gobierno corporativo, éste “(…) se concentra en los procesos y estructura de la compañía para asegurar un justo, responsable, transparente y medible comportamiento corporativo. (…) es una prioridad de las empresas porque presenta oportunidades para manejar el riesgo y añadir valor. Buen nivel de gobernabilidad puede mejorar la fe y confianza pública en los negocios. (…) ayuda en el aumento de la transparencia, credibilidad, confianza y en consecuencia la eficiencia de la organización así como su utilidad social. El balance de intereses de todos los grupos de interés asegura la supervivencia y el crecimiento a largo plazo”.  

Precisamente las crisis corporativas de entidades financieras han sido centro y fundamento para la justificación de un cambio sustancial en la forma en la que éstas se regulan, pasando del tradicional modelo de gobierno corporativo de autorregulación, a la profusa normativa vinculante a través de variadas formas de regulación. 

El ejemplo que mejor prueba la utilización del gobierno corporativo como herramienta de regulación y, por tanto, de supervisión, en el ámbito financiero, es la evolución de las recomendaciones o mejores prácticas internacionales en la materia. En la revisión del año 2012 de los Principios para una Supervisión Bancaria Efectiva del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (CSBB), publicados por primera vez en 1997 y revisados previamente en 2006, se incluyó por primera vez al gobierno corporativo como principio independiente (Principio 14), resaltándose  que, de los diez criterios que componen este Principio, nueve han sido catalogados “esenciales” y sólo uno como “adicional”; es decir, que en esa proporción sus componentes se consideran de necesaria implementación en los sistemas de regulación de cada país. 

En este mismo sentido, si bien los criterios para la mejora del gobierno corporativo en entidades bancarias adoptados en 1997 por el CSBB establecieron que el gobierno corporativo tenía esencialmente una función “complementaria” a la labor de supervisión, ya en la versión de 2006 se vinculaban a una “necesaria” labor de “promoción”. Posteriormente, en las versiones de 2010 y 2015 se recomienda “asegurar” las buenas prácticas de gobierno corporativo, siendo un evidente cambio en la valoración de esta figura dentro del marco de la regulación financiera y del logro de los objetivos regulatorios.

En el sistema bancario dominicano esta forma de integrar el gobierno corporativo en el proceso de supervisión ha sido consistente con estas tendencias de prácticas internacionales. La reglamentación sobre gobierno corporativo adoptada por la Junta Monetaria en 2007 estableció que el regulador debía evaluar las prácticas de gobierno corporativo de las entidades reguladas; en la modificación de 2015 se ha incluido que “la Superintendencia de Bancos utilizará la evaluación del Marco de Gobierno Corporativo de la entidad de intermediación financiera, para determinar la calificación de riesgo compuesto y asignar el grado de supervisión, acorde a lo establecido en el marco de supervisión basada en riesgos”. Es decir, que las prácticas de gobierno corporativo no sólo son necesarias por la obligación de cumplimiento de la normativa especializada, sino que en general condicionan la valoración de la entidad en el marco de la gestión de riesgos. 

La cada vez más consistente inclusión del gobierno corporativo como herramienta de supervisión incide directamente en los rasgos esenciales de la administración bancaria, lo que obliga a considerar el equilibrio regulatorio y su incidencia en la gestión de las propias entidades. Por un lado, la regulación debe lograr eficientizar y robustecer la gobernabilidad bancaria, evitando en todo momento sustituir órganos de administración y elementos centrales propios de la gestión y la toma de decisiones empresariales; a su ve, la regulación debe lograr construir un estructura de gobernabilidad base de donde cada entidad desarrolle su propia cultura de gobernabilidad alineada a la naturaleza, tamaño, operaciones y perfil de riesgo. Este equilibrio regulatorio constituye uno de los elementos más importantes del gobierno corporativo: la capacidad de las entidades de diseñar modelos propios de gobernabilidad que mejoren su desempeño particular y que exploten las características individuales de cada empresa.

Este nuevo enfoque regulatorio del gobierno corporativo también exige una visión diferente por parte de las entidades y del mercado en su conjunto. Se pasa de un modelo de gobierno corporativo de“check list", a la construcción de una cultura interna real y practicada (vivida), que a la vez condicione la creación de valor y la fijación de objetivos estratégicos basados en la sana gobernabilidad como elemento central del sistema de administración y gestión. Esta cultura es necesaria tanto en la entidad como en los terceros que la exigen o la recomiendan. Estos nuevos retos serán analizados en próximos artículos relacionados a la aplicación del principio fit and proper y a lo que hemos denominado como gobernabilidad 3.0. 

Una presentación nuestra sobre el gobierno corporativo como herramienta de supervisión y sus límites puede ser vista en el siguiente link de la Federación Latinoamericana de Bancos (FELABAN), en ocasión del Congreso Latinoamericano de Derecho Financiero (COLADE) 2015. http://www.felaban.net/archivos_memorias/archivo20150820175138PM.pdf

 

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